Declaración
Mi práctica artística se inscribe en la dialéctica entre la ensoñación y la realidad. Busca examinar la forma en la que la imaginación y la experiencia se entrelazan para generar imágenes que se alejan de la representación de lo real.
Mi práctica artística se inscribe en la dialéctica entre la ensoñación y la realidad. Busca examinar la forma en la que la imaginación y la experiencia se entrelazan para generar imágenes que se alejan de la representación de lo real.
La sensación de desconexión con la realidad inmediata que se produce durante el momento de la ensoñación, genera en nosotros imágenes o fantasías de manera espontánea y muchas veces sin control consciente. Como en el sueño, el estado de ensoñación expresa los deseos de aquel que lo experimenta.
La imaginación, por otro lado, juega un papel fundamental en la construcción del conocimiento del mundo tangible en la medida en la que nos permite idear nuevas ópticas o marcos teóricos para comprenderlo. La imaginación es, además, la facultad mediante la cuál construimos nuestro universo sensible -uno que se puede externalizar desde la práctica artística-.
La imaginación tiende puentes entre nuestra mente y el mundo de forma en que, a través de ella, podemos situarnos en un lugar de enunciación personal y único. El quehacer artístico es, para mí, un acto de transmutación mediante el cual el deseo -caracterizado por la ausencia- y lo indefinido, toman forma para convertirse en algo bello y significativo.